Vuelvo con un par de oraciones para plantearles algo interesante. Algo del corazón.
Por recomendación de varias influencers de salud, comencé terapéuticamente a dar paseos casi diarios por los alrededores de mi casa.
Vivo a unos 150 metros de una gran avenida, donde casi constantemente pasan autos. Por suerte, una calle también bastante transitada atraviesa sus cuatro carriles en un puente que se eleva unos seis metros.
¿Qué son seis metros en la vastedad del mundo, no?
Pues lo suficiente para mirar grandes horizontes.
En estos paseos, suelo detenerme en ese puente y sentir cómo el cielo y la tierra se vuelven infinitos. Desaparecen en el horizonte. La vista abarca tanto que uno se siente pequeño. Tal vez sea ese el sentido más expansivo que tenemos: la mirada, que se pierde a kilómetros, hasta que la sensación misma se disuelve.
Sin embargo, el ojo también puede ser demasiado ciego.
He cruzado ese puente incontables veces, y no fue hasta hace poco que descubrí su verdadera inmensidad: montañas, viñedos, campos, llanuras, sierras… todo confluyendo en un mismo punto.
Y no sólo había estado ciega a eso. También a la flora silvestre.
Sí, incluso en un desierto como mi ciudad natal, la naturaleza despliega colores y texturas que podrían inspirar los más bellos floreros.
Mis favoritas son las flores secas. No soy muy entendida en el tema, pero he descubierto que muchas plantas florecen para luego secarse y resquebrajarse por completo. Como si una oruga naciera en forma de mariposa seca y amarilla.
Lo curioso es que, como florero, duran hasta diez veces más que una planta verde viva. ¡Y sin agua!
Me maravillo como una abuela mirando por primera vez a su nieto, al observar nuevas especies, pequeños detalles, cambios que surgen día a día, semana a semana, estación a estación.
Si en un kilómetro a la redonda —en un rincón perdido de una ciudad entre millones en el mundo— se puede admirar tanta belleza, ¿cuánta más habrá en una persona?
¿Nuestros ojos estarán captando a las personas sin verlas realmente? Así como el enorme cielo azul pasa desapercibido en nuestro día a día, nuestros amigos, familiares, compañeros y hasta desconocidos ofrecen una abundancia de belleza que muchas veces no notamos.¿Será cuestión de entrenar al ojo o a la mirada?
¿Será cuestión de enfocar distinto y simplemente… observar?
No lo sé.
Pero ojalá que algún día, al cruzar tu propio puente, también se te abra la visión y puedas contemplar la vastedad que te rodea
phs: sacadas de pinterest



No hay comentarios:
Publicar un comentario